EMPTY VESSELS || VULNERABLE BODIES

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Es claro: uno de los primeros acercamientos al arte, fue a través de la representación del cuerpo humano. Desde las pinturas rupestres en la cueva de Pettakere (las representaciones visuales conocidas más antiguas) hasta las prácticas actuales que rodean al mundo digital, comparten una constante búsqueda por la representación del yo. Incluso si las intenciones han cambiado a través de los siglos, es sensible decir que estas imágenes tienden a crear un vínculo directo con el espectador, sin importar su trasfondo. Es importante señalar que una de las vías más claras dentro de la producción post-digital es el uso de herramientas digitales para representar figuras humanoides, mismas que implican una relación muy particular con la audiencia.

A lo que me refiero aquí como post-digital es a la colección de aquellas prácticas desarrolladas una vez que los límites entre lo digital y lo no digital se ven eliminados por la proximidad que hemos desarrollado con las herramientas tecnológicas que – directa o indirectamente – nos rodean. Como propone Florian Cramer, el prefijo ‘post’ dentro del término post-digital debe ser entendido como el uso que tiene dentro de los conceptos post-punk o post-feminismo, donde se refiere a una continuación del concepto que les precede pues éste ‘ha progresado del discreto punto de quiebre y se ha convertido en una condición latente’ (Cramer, 2014). En este sentido, post-digital se refiere a aquellas prácticas introducidas en lo digital que no buscan cuestionar directamente al medio sino más bien abrir nuevas conversaciones rodeando la relación entre lo humano y no humano al mismo tiempo.

Durante los últimos años, durante el desarrollo de [Anti]materia, me he encontrado con numerosos patrones en cuanto a creación digital contemporánea se refiere. Sin embargo, una de las más fuertes es precisamente el uso de herramientas digitales para la creación de figuras humanoides que se encuentran inmersas en varios universos dentro del que se comunican. Estas representaciones visuales del cuerpo humano digital normalmente carecen de género, religión, nacionalidad e incluso se propone repensar algunas características innatas del ser humano como el cabello, la piel, las uñas, etcétera. Lo interesante es cómo en lugar de percibir estas representaciones como un intento fallido de la representación corpórea, se convierten en algo más, algo que se traduce al espectador como un contenedor vacío que busca ser llenado por quien lo está viendo a la vez que mantiene una relación muy particular con el mundo virtual que le rodea.

Para mí es claro que para varios artistas digitales contemporáneos que, al trabajar con estas figuras, proponen la creación de un vehículo en lugar de imponer una forma que deba ser entendida como un todo. Es interesante explorar el acercamiento de la audiencia a estas piezas y, sin ánimos de reducir todas las experiencias a una sola, podemos ver ciertas similitudes en la forma en que estas piezas se experimentan:

Primero al identificar a la figura humanoide como un contenedor vacío; segundo el entender que podrían, y probablemente deberían, llenar ese contenedor con ellos mismos; tercero al encarnar la figura y activamente convertirse en parte de la pieza; y finalmente al explorar el universo que les rodea como personajes activos.

Este proceso deja en claro que el uso de una figura humanoide dentro de las piezas digitales se convierte en un punto de accesos a una experiencia inmersiva, sin necesidad de ser demasiado obvio, pero claramente efectivo en lograr su objetivo. Además, estas figuras representan conceptos más fuertes como son el post-género y el post-nacionalismo, términos que, contrario a la definición de post-internet, significan el fin de una era y dejan en claro que si queremos comunicarnos profundamente con quienes nos rodean, sin importar qué tan distintos nos percibamos, debemos eliminar todas las fronteras innecesarias.

Por otra parte, y hablando directamente del hecho de que la mayoría de estas piezas pueden ser vistas en línea, la decisión que rodea la estética de estas figuras se relaciona directamente con el Manifiesto ciborgescrito por Donna Haraway en donde propone una cultura de alta tecnología que no está guiada por el patriarcado, ni el colonialismo, ni el esencialismo, ni el naturalismo, sino que reta una serie de dualismos antagonistas como hombre/mujer, yo/tú, cultura/naturaleza. Como consecuencia de esta forma de pensamiento estas figuras humanoides vuelven a la vida, retando e irrumpiendo los medios esenciales de interacción al proporcionar un vehículo que lleva hacia un universo digital donde podemos canalizar la forma que deseemos.

En un mundo aparentemente dominado por las políticas de extrema derecha es importante crear un espacio seguro dentro del arte, un espacio donde conceptos como nacionalidad y género puedan ser provocados y cuestionados al estimular el diálogo a través de nuevos medios de comunicación como la práctica artística creada en la web.

En conclusion, el uso de herramientas digitales para generar contenedores vacíos que pueden ser fácilmente poseídos por el espectador, se convierte en un discurso potente en cuanto a la interacción e incorporación de medios contemporáneos se refiere, al mismo tiempo que dobla los límites de la representación de la figura humana.

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TXT x Doreen A. Ríos

It is clear: one of the human’s very first approaches to art was through the representation of its own body. From the cave paintings in the Pettakere cave (the earliest depictions known) to the current art practices surrounding the digital world, they share a constant search for the representation of the self. Even if the intentions throughout the centuries have changed it is sensible to say that these images tend to create a direct link with the viewer, no matter his/her background. It is important to point out that one of the current paths inside post-digital creation is the use of humanoid figures which establish a very particular relationship with the audience.

What I mean by post-digital is the collection of those practices developed once the boundaries between the digital and the non-digital are blurred by the proximity we have with the technological tools that – directly or indirectly –  surround us. As Florian Cramer suggests, the prefix ‘post’ in post-digital should be understood closer to how it’s been used in post-punk or post-feminism where it refers to a continuation of the latter since it has “progressed from a discrete breaking point to an ongoing condition” (Cramer 2014). In this sense, post-digital art refers to those practices embedded within the digital that don’t aim to question the means of their creation but that look for opening up to new conversations surrounding the mixture of the human and the non-human all at once.

For the last couple of years, while developing [Anti]materia, I’ve encountered numerous patterns when it comes to contemporary digital creation. Yet one of the strongest is the use of a humanoid figure who is immersed in various universes whom with he/she communicates. These visual representations of the digital human body usually lack marked gender, religion, nationality and practical characteristics of being human such as hair, skin, nails and so on. However, instead of becoming uncanny figures that failed to be human, they become something else, something that translates to the viewer as an empty vessel that lures them in and pushes forward forgetting the figure in itself while engaging with the environment that surrounds it.

It has been very clear for me that a large number of digital artists are creating empty vessels rather than imposing a shape and form to be understood as a whole. After exploring the way in which the audience approaches this kind of artwork I can conclude that the process of interaction tends to be quite similar from one viewer to another and, without wanting to reduce everyone's own personal experience to just one, could be resumed as follows: 

First by identifying the humanoid figure as an empty vessel; second by understanding that they can, and probably should, fill that empty vessel with their own self; third by embodying the figure and actively becoming part of the artwork; and fourth by exploring the surrounding universe as a participant of the artwork itself.

This process makes it clear that the use of a humanoid figure inside the piece becomes a gateway to an immersive experience without being too obvious about its intentions but becoming very effective in terms of engagement. Furthermore, these figures stand for strongest concepts such as post-gender and post-nationalism, terms that unlike post-digital mean the end of an era, and make it clear that if we want to communicate deeply with others, no matter how different we might seem, we must erase all unnecessary features.

On the other hand, and directly talking about the fact that most of these artworks can be seen online, the decision surrounding the aesthetics of these figures relate directly with Donna Haraway’s Cyborg manifesto where she proposes a hi-tech culture that is not guided by patriarchy, colonialism, essentialism, and naturalism anymore but that actively challenges a series of antagonistic dualisms such as female/male, self/other, culture/nature. As a consequence of this way of thinking these humanoid figures come to life, challenging and disrupting the essential means of interaction by delivering a vehicle to a new digital universe where we can channel the shape we desire.

In a world seemingly dominated by right-wing politics, it is important to create a safe-space through art, space where concepts such as nationality and gender can be provoked and questioned by stimulating the dialogue through new means of communication such as internet-based art practice.

In conclusion, the use of digital tools to create empty vessels that can be easily possessed by the viewer becomes a strong discourse when it comes to engaging with the contemporary means of communication at the same time that it bends the boundaries of the representation of the human figure.